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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

www.surda.se

 

 

01-04-2016

 

 

"Lula es el gran responsable por la crisis"

 

 

 

 

SURda

Brasil

Opinión


Valéria Nader y Gabriel Brito



  Correio da Cidadania, 24-3-2016

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

La nominación de Lula para la Casa Civil todavía está trancada en la justicia y los desdoblamientos de la Operación Lava Jato siguen conmoviendo al país, luego de la divulgación de la lista con más de 200 nombres de parlamentarios que la Odebrecht (gran empresa constructora) financió o al menos consideró incluir en su lista de cooptación. De toda forma, la vida continúa y uno de sus frentes es la recesión económica que aumenta el desempleo. Fue en ese cuadro que el economista Reinaldo Gonçalves concedió una nueva e implacable entrevista a Correio da Cidadania.

El autor de los libros “Globalização e Desnacionalização” y ”Desenvolvimento às Avessas”, descalifica toda tentativa del gobierno Dilma y de la militancia gubernista en reavivar el mito de Lula ante los embates políticos que prácticamente enloquecen al país. Y, a pesar de reconocer la dificultad global de la economía, resalta que Brasil patina en su propia mediocridad al no conseguir coordinar ningún esfuerzo conjunto para intentar disminuir los impactos de la actual recesión económica a despecho de algunas opciones en debate


-Correio da Cidadania: ¿En primer lugar, qué comenta de los últimos hechos de la política brasilera marcada por la nominación de Lula a la Casa Civil, protestas de corte conservador contra tal decisión de la presidenta Dilma y una crisis que se continúa prolongando?

Reinaldo Gonçalves: La nominación de Lula, además de ser ilegal según decisiones de jueces y evaluaciones de juristas, es ilegítima. Políticamente es un tiro en la nuca. Ella revela la degradación política e institucional a que llegamos, inclusive en lo que se refiere al papel de la presidenta de la República. Debo resaltar que las protestas contaron con fuerzas tanto conservadoras como progresistas. Fui a todas las manifestaciones y encontré personas de derecha, centro e izquierda y, también, personas sin ninguna ideología u opción partidaria explícita.

Es un error imaginar que el proceso de destitución (de Dilma) parte de los conservadores. Ese error sólo tiende a reforzar el movimiento por la destitución. Personas sensatas y responsables se sienten agredidas cuando son llamadas de “coxinhas” (pechuga de pollo). Agresión genera reacción. Estoy convencido que los progresistas tienen más razones de que los conservadores para estar a favor de la destitución de Dilma Rousseff y, también, de la prisión para Lula.
Los amigos de Lula deberían recomendarle a él que hiciese una delación premiada. Él tiene 70 años y es millonario. Esa crisis está destruyendo la salud física y mental de Lula. Con la delación él paga una multa y, probablemente, va a prisión domiciliaria por algún tiempo. Y, como consecuencia, sobrevive algunos años lejos de la política.

-Correio da Cidadania: ¿La idea de que Lula pueda crear un nuevo pacto de conciliación por el país, con la contribución del PMDB, a fin de generar una estabilidad mínima para la continuidad de la política económica, sería como mínimo ilusoria, según su opinión?

Reinaldo Gonçalves: Lula perdió, para siempre, la mayor parte de su capital político. Él es ciertamente el principal responsable por la crisis moral, intelectual, social, económica, política e institucional que afecta el país. Lula está debilitado moral, física, mental, legal y políticamente. El terreno en que él avanza está minado o podrido. La fantasía de Lula era de papel crepón: hoy el líder global aparece servicial de grandes grupos económicos, con graves implicaciones de naturaleza legal. Lula está siendo investigado por varios crímenes graves. Lula se tornó en un payaso del rey, ¡pero se cree protagonista!


-Correio da Cidadania: ¿De otro lado, el agravamiento de la crisis, con todos sus trazos de histeria, puede aumentar y acelerar el propio fin del gobierno Dilma?


Reinaldo Gonçalves: En un trabajo reciente, estimo que el costo del mal gobierno Dilma llega a 4 trillones de dólares. Eso representa 4 veces el PIB argentino en 2015. La crisis tiene elementos concretos como la caída del ingreso, pésima calidad de servicios de utilidad pública, confianza en el futuro cayendo, etc. Y mucho sufrimiento físico y mental para el pueblo brasilero. Vengo llamando la atención por el hecho de que Brasil se pudrió en los últimos años. El movimiento por la destitución es reflejo de la crisis sistémica brasilera.
El escenario optimista es que, después de la destitución, haya un proceso de reequilibrio, una nivelación del campo de juego, inclusive con la recuperación de la producción, ingreso y empleo. La destitución es la condición necesaria, aunque no suficiente, para que el país salga de esa profunda crisis sistémica. Aunque figura superflua, Dilma Rousseff es una de las principales responsables. Es la mediocridad esférica: mala para los trabajadores y capitalistas; mala para la derecha y para la izquierda; mala para el pasado y pésima para el futuro, etc.


-Correio da Cidadania: ¿Qué piensa de las supuestas salidas a la crisis económica que parte de los medios y de los actores políticos ya discuten, a partir del uso de reservas cambiarias para reactivar la construcción civil, el empleo, y la retomada de parte de la “fórmula de éxito” del auge del lulismo?


Reinaldo Gonçalves: Las reservas internacionales puede ser usadas para disminuir la deuda externa brasilera. Entretanto, el gobierno Dilma es absolutamente incapaz de definir e implementar alguna estrategia. Ejemplos: Banco Central y Petrobrás están emitiendo títulos en el exterior a tasas de interés muy elevadas. Hay una total y completa descoordinación en el área económica. La propuesta de vender reservas no es detallada. Parece mucha alegoría y poco concreto. Antes todos querían los recursos del pré-sal, ¡ahora quieren los recursos do FGTS (Fondo de Garantía del Tiempo de Servicio) y las reservas internacionales!


-Correio da Cidadania: ¿En su opinión, cual podría ser la receta para que Brasil saliese de la crisis económica?

Reinaldo Gonçalves: En el terreno de la urgencia está la crisis moral, política e institucional. En primer lugar, la interrupción de los mandatos de Dilma Rousseff y Michel Temer; en segundo lugar, el procesamiento, juzgamiento, condena y prisión de Lula, Renan y Cunha; en tercer lugar, la próxima presidencia del STF (Supremo Tribunal Federal) monta un gobierno provisorio y convoca a elecciones generales; en cuarto lugar; una limpieza general del Legislativo.
Los actores políticos que llegaren al gobierno, sea ahora, en 2017 o 2018, tendrán que enfrentar la herencia maldita de FHC (Fernando Henrique Cardoso), y la desastrosa (bombas de efecto retardado) de Lula y la tragicómica de Dilma. Esos tres son los responsables por la adopción y profundización del Modelo Liberal Periférico que coloca al país en una trayectoria de largo plazo de inestabilidad y crisis. Brasil no se recupera tan pronto: una década perdida es un escenario optimista.


-Correio da Cidadania: ¿Cómo se ubica el cuadro brasilero frente a la situación económica internacional?

Reinaldo Gonçalves: La situación internacional no está particularmente favorable, pero no es de una restricción grave. El problema no es el mundo, la tragedia somos nosotros mismos: fractura de la sociedad, deterioro moral, degradación de las instituciones y el Modelo Liberal Periférico con sus transformaciones estructurales que fragilizan. No vale la pena perder el tiempo con la moralidad en la política y en los grandes negocios y, menos todavía, con la intelectualidad brasilera que no escapó al proceso generalizado de descomposición.Concluyocon una tanda publicitária: mi libro “Desenvolvimento às Avessas (Rio de Janeiro: LTC, 2013). En él digo que Brasil se estaba hundiendo en una trayectoria de inestabilidad y crisis que golpearía las instituciones. ¡No dio otra cosa!

Es posible combatir la derecha y decir adiós al lulismo

 

Fábio Nassif *

Correio da Cidadania http://www.correiocidadania. com.br/ Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

No. Este no es un texto que pretende agregar agua en el molino de la derecha brasilera que intenta, con el apoyo de la prensa burguesa, derrotar completamente cualquier perspectiva transformación social a la izquierda. La intención principal de las palabras que siguen es dialogar con quien como yo, está impactado por la presencia de la Policía Federal en la puerta de la casa de uno de los mayores líderes populares que la izquierda brasilera produjo en la últimas décadas. Este viernes, Lula fue escuchado por las autoridades sobre una investigación de relaciones promiscuas entre el ex presidente y empresas constructoras. Todo indica, que el traslado coercitivo de Lula fue innecesario. Sería un nuevo contra un ciudadano brasilero, como ocurre todos los días por parte de las autoridades y del Estado. Y, obviamente, la gran prensa usó y abusó del hecho para desgastar a Lula. Ante el silencio de la prensa con otras sospechas de corrupción sobre el PSDB, PMDB y otros representantes de la derecha tradicional, el trago amargo del día es comprensible. Es solo recordar los tantos aliados y opositores de derecha que pasean impunes por Brasilia. Son muchas las preguntas a ser hechas en la actual coyuntura. Son muchos los intereses, muchos los personajes y muchas las sospechas que correctamente planteamos ante tal situación. Pero, es prudente reflexionar por lo menos en cuanto a lo que no debemos hacer o decir por ahí. Y, principalmente, nunca perder de vista que nuestras opiniones deben ser guidas por aquello que creemos es lo mejor para construir conciencia política y un proyecto a favor de los sectores más explotados y oprimidos de la sociedad.
“¿Adiós, Lula?”

La película alemana “Adiós Lenin!” (que muy bien podría llamarse “Adiós, Stalin”), (1) más que hacer un rescate apurado e histórico de lo que fue el llamado “socialismo real” (que de socialismo no tenía nada), nos trae una reflexión sobre un pasado y un presente lleno de contradicciones y más perspectivas. En la ocasión, la Sra. Kemer entra en coma poco antes de la caída del Muro de Berlín. Se despierta en 1990, luego de la caída del muro. Alexander, su hijo, preocupado con los impactos que la noticia del triunfo del capitalismo podría generar en la salud de su madre, busca formas de esconder tal realidad, principalmente a través de la edición de videos que simulaban una Berlín antes de la caída del muro. Lula no tiene absolutamente nada que ver con Lenin. Tampoco el “socialismo real” se asemeja en nada con el proyecto de los gobiernos petistas. El paralelo entre esta película y la actual situación brasilera que pretendo colocar es solamente sobre las personas que parecen vivir en una internación hospitalaria, insistiendo en creer que están bajo una realidad pasada. Llama la atención la gran cantidad de personas que, en lugar de aceptar las contradicciones de ambas realidades -del pasado y del presente- levantarse del coma y moverse, prefieren intentar convencerse de que están de que están viviendo una realidad diferente de la que objetivamente están viviendo.  Como sugieren hasta los libros de autoayuda, el primer paso para cualquier superación  es reconocer nuestras propias derrotas. Existe un gran debate en la izquierda sobre los impactos de la caída del muro de Berlín en sectores que no defienden ni el llamado “socialismo real” ni el capitalismo. No quiero entrar en esta polémica. Pero es muy evidente que el muro cayó sobre la izquierda socialista anti-Stalin. En Brasil, el mundo del lulismo puede estar cayendo. Y existen las más variadas reacciones ante tal hecho: quien busca creer que el muro no está cayendo, quien corre para reformar el muro, quien defiende un murito incapaz de hacer cualquier división entre los “los dos mundos”, y quien, reconociendo que el muro cayó de cabeza, quiere pensar cómo salir de los escombros para construir un mundo nuevo y muy diferente de los mundos que estaban supuestamente separados en la metáfora utilizada. La profundización de la polarización que ha divido al país gira en torno de la pelea entre dos realidades desastrosas. De un lado defensores del lulismo y de otro los defensores de las salidas más conservadoras para Brasil. Ambas catastróficas. Ambas fruto de un muro que cayó sobre nosotros.
Ni derecha, ni lulismo

Los motivos para afirmar que ni la salida apuntada por la derecha tradicional ni el rescate del lulismo deben movilizarnos, son en cierto punto parecidos. Sabemos, simplemente por toda la historia del país, que la burguesía, sus representantes partidarios y el capitalismo como un todo no promueven nada más allá de una sociedad de muerte, explotación, opresión, desigualdad y miseria. No vale la pena gastar tiempo con argumentos contra esa hipótesis. Vale, sí, debatir porque no debemos defender el lulismo (aunque se quiera denunciar ilegalidades y espectáculos mediáticos contra el dirigente Lula). La opción del ala mayoritaria del PT a lo largo de los años fue por la construcción de un proyecto de conciliación de clases con esta burguesía que tenemos en Brasil. Lo logró con la elección de Lula en 2002. Y el líder obrero gobernó para las viejas y nuevas elites por ocho años, seguido por la sucesora Dilma, que consiguió hacer gobiernos más a la derecha todavía y hoy se rinde a una política estrictamente neoliberal. No me cabe a mí, en este momento, dictaminar se Lula fue beneficiado individualmente por esquemas de corrupción. Pero la obvia realidad que vivimos, nos dice que la opción para llegar al poder y gobernar con la elites empresariales y las viejas oligarquías pasaron, necesariamente, por relaciones promiscuas entre el petismo y la burguesía. Y, a pesar de lo que aparenta, no hay nada de nuevo en eso. El capitalismo funciona así y punto. Defender el rescate del lulismo hoy es defender las paces con esa burguesía corrupta que no tiene -al contrario de lo que creen muchos petistas- proyecto nacional de sociedad que pueda realizar cambios civilizatorios profundos en alianza con la clases trabajadora. Algunos hasta creen que esta burguesía podría levantar banderas antiimperialistas, antimonopólicas y antilatifundistas, y realizar reformas estructurales que podrían servir de impulso a procesos de transformación del Estado. Se equivocan. El lulismo es el símbolo más fuerte de la conciliación de clases. Conciliación, en este caso, significa necesariamente traición de clase. Y es por este motivo que Lula fue aceptado por el capitalismo global. Él aceptó, aplicó y convenció a las masas de que estas reglas de juego era administrables.
A la espera del “golpe” y del giro a la izquierda

Desde la elección de 2002, la militancia petista es insuflada por la lucha contra el “golpe” que se estaba tramando contra sus gobiernos. Decían que no dejarían ni siquiera asumir a Lula la presidencia después de la elección. Con las denuncias del  mensalão , otra vez la militancia petista se movilizó contra el “golpe mediático”. Y enmendaron esta tesis repetidamente, por muchas veces, durante todos los gobiernos de Lula y Dilma (incluyendo las manifestaciones de junio de 2013). Esperan, hasta hoy, el tal giro a la izquierda de los gobiernos petistas. El gran problema es no reconocer que Lula fue el principal responsable por derrumbar este muro en nuestras cabezas. Antes de ganar en 2002, Lula y el PT ya estaban aliados con parte de la burguesía –incluyendo la familia Marinho, que ayudó a escribir la Carta al Pueblo Brasilero. Para defenderse del  mensalão , Lula dio ministros y recursos a la Rede Globo. Y las negociaciones, tanto con la prensa burguesa como con otros sectores de las elites (con las empresas constructoras, las del agronegocios y los bancos) fueron pilares fundamentales del proyecto petista. Ellas ganaron mucho dinero con las principales políticas gubernamentales. Por este motivo la Operación Lava Jato es tan sentida por los defensores de este proyecto. Ella golpea el pacto entre las fuerzas construidas en el maridaje del petismo y las grandes empresas beneficiadas por el lulismo. Como consecuencia del desequilibrio entre gobierno petista y constructoras, por ejemplo, la crisis también debilitó la alianza con las viejas oligarquías. La derecha brasilera ocupó las calles y el escenario de la crisis económica, social, política y ambiental torna la coyuntura todavía más preocupante. La prensa burguesa y la elite brasilera son golpistas. Siempre lo fueron. Pero eso no significa que debamos aliviar de responsabilidad a quien se alió a ellas. Quien vendió la ilusión de que podríamos tenerlas como aliadas, quien negoció con ellas y quien gobernó para ellas. La reacción más despolitizada y perjudicial para quien se considera socialista es seguir creyendo en un mundo que cayó. El proyecto petista está agonizando. Es lamentable ver el nivel de debate en el que se resume parte de su militancia. Hoy por hoy, la única exigencia es que también investiguen las corrupciones de la derecha. No dan pie sobre el verdadero crimen contra la izquierda cometido por la dirección del PT, por Lula y por Dilma: tentativa de homicidio de la esperanza, de amplias camadas de la clase trabajadora, en la construcción de una sociedad socialista. Para los defensores del gobierno hace mucho tiempo que el miedo -del “golpe”- venció a la esperanza.  No sabemos si Lula tendrá la capacidad de restablecer su proyecto. Pero sabemos que la construcción de un proceso revolucionario en Brasil pasa, necesariamente, por el adiós a Lula, al lulismo y al PT. Quien quiera seguir respirando por aparatos en la cama de un hospital, creyendo en las viejas novedades del lulismo, puede acabar perdiendo el nacimiento de un mundo nuevo que está siendo gestado.
* Periodista.
Nota de Correspondencia de Prensa

1) Good Bye, Lenin! es una película alemana de 2003, dirigida por Wolfgang Becker, cuyo reparto incluye a Daniel Brühl, Katrin Sass, y Chulpan Khamatova. Obtuvo varios premios internacionales. Transcurre en octubre de 1989, en la ex República Democrática Alemana (RDA), durante la rebelión que terminó derribando el Muro de Berlín.

Impasse, antes del diluvio

Raúl Zibechi

 

Tras dos semanas infartantes, las vacaciones de Semana Santa parecen haber traído cierta calma, un bálsamo para un gobierno sitiado. Hasta que alguien, muy probablemente el juez Sergio Moro, desenfunde nuevamente la espada y todo vuelva a encabritarse.

A falta de hechos concretos, abundan los rumores. Unos dicen que Lula desistiría de presidir el gabinete, acorralado por 13 acciones en su contra en el Supremo Tribunal Federal, que deberá pronunciarse al respecto la próxima semana. O sea que ya no es sólo el juez Sergio Moro el que tiene contra las cuerdas al ex presidente brasileño, sino la mayor instancia judicial del país, donde la mayor parte de los jueces fueron nombrados bajo los gobiernos del PT.

Otras versiones aseguran que en Brasilia se estaría llegando a tejer acuerdos entre la oposición socialdemócrata (Psdb) y el hasta ahora oficialista Pndb para un eventual gobierno que presidiría el actual vice, Michel Temer. Aunque se necesitan dos tercios de la Cámara para destituir a Dilma Rousseff, no son pocos los que estiman que se podría alcanzar esa cifra. En todo caso el proceso de impeachment es largo, aunque la comisión encargada de analizarlo ya fue nombrada.

En los hechos, la apuesta de Dilma y del PT de colocar a Lula en el gabinete como principal articulador para salir de la crisis se reveló un completo fracaso. Parece evidente, en contra de lo que sostienen los analistas de izquierda, que el ex presidente perdió su aureola. Pocos quieren aparecer de la mano de un futuro preso por corrupción. Hasta Frei Betto, amigo personal de Lula y ex integrante de su gobierno, dio un paso al costado y destacó que resulta sospechoso que el PT no haya expulsado a ninguno de los militantes procesados en la Operación Lava Jato.

OEA entra en disputa

Mientras la operación de la justicia lleva arrestadas a 133 personas y ha encarcelado a algunos de los más destacados y ricos empresarios del país, pertenecientes a 16 compañías (entre ellas Camargo Correa, Oas, Utc, Odebrecht, Mendes Junior, Engevix, Queiroz Galvão, Iesa y Galvão Engenharia), y a políticos de numerosos partidos oficialistas y opositores (entre ellos PP, PT, Pmdb, Psdb y Ptb), el país se encuentra en una cuesta abajo que parece imparable.

Una de las personas más criticadas y elogiadas en los últimos días fue el juez Moro. Los análisis más sensatos dicen que su gestión es la oportunidad para llevar decoro a la política al destripar los mecanismos de financiación de los partidos, cuyos fondos provienen del sector privado y de trasvases más que dudosos. En ese sentido, la Operación Lava Jato sería un avance republicano tan necesario como urgente. Sin embargo, la difusión de conversaciones telefónicas entre Lula y Dilma horas después de que el ex presidente fuera nombrado al frente del gabinete dio alas a quienes sostienen que en Brasil está en curso un golpe. Debe decirse que esta tesis resulta más que confusa y poco sustentada, toda vez que sus mentores no dijeron una sola palabra cuando eran procesados los empresarios y algunos dirigentes políticos, pero pusieron el grito en el cielo cuando llegó el turno de Lula.

En una situación de honda polarización, sorprendió la declaración del secretario general de la Oea, Luis Almagro, quien el viernes 18 se pronunció en contra de las actuaciones del juez Moro. “El Estado de derecho exige que todos seamos responsables e iguales ante la ley. Nadie, y quiero decir nadie, está por encima de la ley”, dijo Almagro. Por si quedaban dudas, agregó que “ningún juez está por encima de la ley que debe aplicar y de la Constitución que garantiza su trabajo. La democracia no puede ser víctima del oportunismo, sino que debe sostenerse con la fuerza de las ideas y de la ética”.

Aún es muy pronto para interpretar lo que está sucediendo en Brasil: si un proceso de limpieza de carácter republicano o una simple venganza anti PT, o ambas cosas a la vez, ya que es muy probable que algo que empezó como una operación legal esté siendo utilizado, y desviado, para derribar un gobierno.

Cuestión de clase

La situación brasileña cambia de día en día y, en ciertos momentos, de hora en hora. Esto quiere decir que es muy difícil pensar que haya una mano negra detrás del telón que esté orientando las jugadas con cálculos fríos. Así razona hoy la izquierda oficialista, aunque muchos datos desmienten estas apreciaciones.

En el lado opuesto, nadie puede creer en la sinceridad de dirigentes del Pmdb y del Psdb que están acusados de corrupción y que en los gobiernos de los estados utilizan mecanismos idénticos a los del PT en el gobierno. Todo indica que la Operación Lava Jato no va a terminar con la corrupción si bien lo más seguro es que liquide al PT y al gobierno. Esto avala la tesis de quienes afirman que estamos ante un golpe.

“Nos estamos hundiendo”, escribió hace algunas semanas el ex ministro de Hacienda Antonio Delfim Netto, ministro de la dictadura y ahora simpatizante de Dilma y Lula. Delfim Netto destaca la perplejidad que le produce la situación del país. Recuerda que “en los últimos cinco años crecimos 5 por ciento, mientras el mundo creció 18 por ciento y los emergentes 28 por ciento” (Valor, 15-XII-15). El país se hundirá si no recupera la gobernabilidad muy rápido, dice ahora el ex ministro.

Una legión de analistas compara la situación actual con la que llevó al suicidio de Getúlio Vargas en 1954. Aunque hay elementos comunes, apunta el historiador José Murilo de Carvalho, ya que Vargas era acusado “por sectores de la clase media de tolerar prácticas corruptas, hay una gran diferencia, que es la presencia activa de los militares en 1954 que forzaron la salida de Vargas”. “Hoy el conflicto es civil y nacional”, sostiene (BBC Brasil, lunes 21).

Para el historiador, como para tantos brasileños, uno de los principales problemas es la polarización y el triunfo de la irracionalidad. “La radicalización política y la intolerancia llegaron a un punto peligroso. No hay más debate, apenas griterío. En este escenario dominado por las pasiones todo puede suceder, incluso un serio conflicto social.”

Una encuesta realizada a los manifestantes de la avenida Paulista de San Pablo en los actos del domingo 13 revela algo de esto. El 77 por ciento eran titulados superiores y un porcentaje idéntico son blancos, 63 por ciento perciben ingresos equivalentes al menos a cinco salarios mínimos y tienen un promedio de 45 años, según Datafolha (Carta Capital, viernes 18).

Un estudio de la consultora Data Popular realizado en enero, con 3.500 entrevistados en 146 ciudades, reveló una de las mejores fotografías del Brasil actual: sólo el 3 por ciento de los consultados aceptan que son corruptos, pero el 70 por ciento admiten que realizan prácticas corruptas, como mentir en el impuesto a la renta o sobornar guardias.

La guinda del pastel la puso el juez federal Catta Preta Neto, quien derogó el nombramiento de Lula como ministro. En su perfil de Facebook el juez colocó sin empacho fotos suyas y de su familia participando en las manifestaciones contra el gobierno, el 7 de marzo, y escribió: “Ayude a derribar a Dilma y vuelva a viajar a Miami y Orlando. Si ella cae, el dólar bajará” (Carta Capital, viernes 18).

Como señala el sociólogo Jessé Souza, “la llamada clase media es la fuerza de choque de los adinerados”. Ciertamente. Si Dilma es derribada, lo que vendrá puede ser peor aún, en un país donde se evaporó la hegemonía y será difícil restablecer el consenso.

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